viernes, 25 de marzo de 2016

Conejitos de Pascua (Osterhasen a la española)

Antiguamente en España se hacían torrijas para Semana Santa, y en Alemania y otros países del centro de Europa venía el conejito de Pascua y traía huevos de chocolate. La gente pintaba huevos, recibía huevos y seguramente les subiría el colesterol por las nubes de comer huevos a todas horas del día. Suerte que tengo de ser vegana :-)

Pero eso era antiguamente, ahora, desde que se han extendido las multinacionales por todas partes, pues ya hay de todo en todos los países (menos las torrijas, que aún no las he visto por aquí ;-)) y la gente seguramente sigue comiendo huevos, sin preocuparse de donde vienen :-(

Yo en este sentido soy muy tradicional, y quizás no tanto por la tradición, sino por sentimentalismo. Me gusta que cada sitio tenga sus cosas, así hace más ilusión, y si encima son cosas caseras, pues aún más (y si además son veganas, ya ni te cuento...)

Así que esta tarde me he puesto y he hecho estos conejitos de Pascua, pero con una receta estilo español, con su aceitito de oliva y su matalahúga (o matalahúva o simplemente anís)

 
Y ésta es la receta (con ella también se pueden hacer bollitos, y es que todo tiene su historia: Cuando yo era chica había un pastelería en Málaga que tenía un obrador y se llamaba María Manín. Todas las tardes hacían los famosos y codiciados bollitos de María Manín, y toda la calle se llenaba de un olor delicioso que obligaba a la gente a hacer cola en la calle para comprarlos, porque el local era muy chico y cuando se acababan, se acababan y listo. Sabían a anís y aceite de oliva, y tenían una costrita por encima de azúcar caramelizada, mmmhh.... Yo era muy chica, pero nunca se me olvidarán esos bollitos). Y mira por donde que después de muchos años me acordé con nostalgia de los bollitos de María Manín y me dije: "Rocío, vamos a inventarlos de nuevo", y éste fue el resultado (hoy en forma de conejo).

Y ahora sí que sí, que aquí viene la receta:

350 gr harina integral de espelta (como excepción he usado mitad y mitad de harina integral y harina blanca, eso sí, de espelta, para que no salgan tan oscuros)
15 gr levadura fresca
2 cucharaditas de levadura en polvo
2 cucharaditas de anís en grano
150 ml leche vegetal tibia
1½ cucharadas de semillas de linaza molidas + 3 cucharadas de agua
½ cucharadita de sal
3 puntitas de cuchillo de estevia
70 gr aceite de oliva
Xilitol (molido con el molinillo de café)

Diluimos la levadura fresca en un poco de leche vegetal tibia.

Batimos bien la linaza molida con el agua y dejamos reposar.

Mezclamos la harina con la levadura en polvo, el anís, la sal y la estevia. Vertemos la levadura disuelta en la mezcla de harina.

Batimos el aceite con la linaza y lo agregamos a la harina. Poco a poco vamos echando la leche mientras mezclamos primero con una cuchara y a continuación con las manos. Amasamos un rato hasta obtener una masa elástica.

Depositamos la masa en un bol, que metemos a su vez en una bolsa de plástico y dejamos reposar en un lugar cálido durante una hora.

Pasado ese tiempo dividimos la masa en 8 partes iguales (para 8 conejitos). De una porción cogemos un tercio de la masa para la cabeza y le damos forma de huevo, alargando un extremo un poco más. Con un pegotito hacemos una bolita para la cola, y con el resto hacemos un rulo, lo enrollamos como un caracol, y le pegamos la cabeza y la cola. 



Hacemos un corte en el extremo largo de la cabeza y separamos un poco, así tendremos las orejas. Colocamos el conejito sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear y de la misma manera hacemos los otros conejitos. Metemos la bandeja de horno en una bolsa de plástico y volvemos a dejar reposar durante media hora.

Antes de que suban
Después de subir, con su ojito de chocolate
Precalentamos el horno a 200°. Hacemos una mezcla de xilitol con un poco de agua y cubrimos los conejitos con ella, luego le ponemos a cada conejito una pepita de chocolate o una pasita para hacer el ojo y los cocemos durante 20 minutos hasta que estén dorados.

Recién sacados del horno
Los dejamos enfriar. Se pueden comer tal cual o acompañando a un chocolatito caliente. Mmmmmhhh...!

¡¡ Felices Pascuas !!



martes, 22 de marzo de 2016

¡¡¡Paren el mundo, que me quiero bajar!!!


Hoy me siento completamente identificada con Mafalda, es uno de esos días en que siento de forma muy profunda que no estoy hecha para este mundo. Lo he sentido toda mi vida, pero en determinados días el sentimiento se agudiza, y no es que a pesar de que haya empezado la primavera el día se haya presentado gris, ni que casi nadie haya mirado hoy mi blog, ni que el mundo no sea vegano, no, ni siquiera admito el diagnóstico de "depresión", hoy tengo una crisis existencial aguda.


Quería publicar algo alegre para celebrar la primavera, incluso el otro día escribí un comentario en el blog Aires de Cambio acerca de la actitud ante la vida, y que depende de nosotros ser felices o desgraciados, pero mira por donde, que hoy me ha pillado un día malo y me siento como si me hubieran dado una paliza. Y me preguntaréis, "pero hija, qué te ha pasado?", no?, pues lo que me ha pasado es esto:


Sí, quiero vivir, vivir en libertad. Y no es que esté encerrada en un internado, ni un monasterio, ni tenga que huir de la guerra (como los miles de refugiados, que tienen un drama más gordo que el mío), ni sea un pollo, un cerdo o una vaca de una granja industrial, pero me siento igualmente atrapada en una jaula con barrotes de leyes absurdas, con sus contraleyes y sus "releche" de leyes, guardada por agentes egocéntricos y robotianos que se acogen a lo que dictan las normas o los ordenadores y su única respuesta ante mi incomprensión es un simple "lo dice la ley" o un "el ordenador no funciona", y el arma que utilizan (sobre todo los inspectores de Hacienda y los políticos, y que conste que reconozco que también hay seres humanos en estos dos grupos) es el miedo, cuanto más miedo puedan provocar en las personas indefensas, más se infla su ego y su falsa satisfacción.
 

Y el caso es que me siento afortunada de vivir en sitios tan bonitos, de poder viajar, de disfrutar de la nieve cuando hay nieve, del sol cuando hay sol, del canto de los pajaritos cuando abro mi ventana, de un plato de comida todos los días, de un techo sobre mi cabeza y una cama caliente para descansar, de tener cobertura de internet, que funcione la luz y los grifos de mi casa den agua potable. Siento que la vida tiene cosas maravillosas y estoy muy agradecida de que la naturaleza me dé la actitud interior para saber apreciarlas. Me gustan las cosas simples, y la vida está llena de ellas. 

Libertad (esta niñita chiquita y muy lista, que junto a Mafalda es una de mis favoritas) tiene toda la razón, deberíamos empezar el día con una sonrisa (que encima es gratis), pero además iríamos desentonando con el resto del mundo, y aquí entra en acción la niña rebelde dentro de mí. Sí, me apetece desentonar con el resto del mundo, porque no quiero ser un robot y no puedo aceptar ciertas cosas que ya no comprendo (como decía Roberto Carlos en su canción "Yo quisiera ser civilizado como los animales"), y es que los animales no matan por ideología o por inconsciencia, ni se aferran a normas absurdas, ellos viven su naturaleza y listo. 


Claro que cabe preguntarse si el ser humano no es egoísta por naturaleza, y yo diría que sí, que todos tenemos, como seres humanos, nuestro ego, pero precisamente lo que nos hace humanos no es sólo el ego, sino la capacidad de reflexión y de trascendencia, o sea, de buscar dentro de nosotros aquello que nos hace crecer como humanos y nos lleva a buscar la esencia de la vida.


Este tema llena tratados y tratados, estanterías y estanterías, bibliotecas y bibliotecas en todas partes del mundo y en todas las épocas de la historia de la humanidad, y no quiero tratarlo a la ligera en un simple post, pero lo que quiero decir es que siento que este mundo no está hecho para mí o yo no estoy hecha para este mundo, porque no comprendo por qué tanta gente vive como borregos sin plantearse las consecuencias de sus actos (sólo se horrorizan cuando pasa algo trágico, pero diariamente les dejan tragarse a sus hijos su dosis de violencia en la tele, los juegos de ordenador, la competencia desalmada a la que están sometidos en el colegio y más tarde en el mercado laboral), no entiendo por qué nos aferramos al confort de una instancia superior (leyes, ordenadores, medios de comunicación, gurus...) sin plantearnos nada, simplemente tragamos y vomitamos lo que nos dan, sin criterio propio, sin plantearnos que así no podemos seguir y que tenemos una responsabilidad. Todos entran por el aro y juegan a este absurdo juego. Poco antes de nacer nadie me explicó las reglas de este juego del mundo, si lo hubieran hecho no habría venido.

Creo que las leyes absurdas sólo existen porque nos empeñamos en vivir nuestro ego, en vez de seguir el dictado de nuestra conciencia (una cosa es llegar a acuerdos, como el conducir por la derecha o por la izquierda, según el país, para que haya un orden en el tráfico y no nos choquemos continuamente con el que viene de frente, y otra la estúpida burocracia y la cantidad de absurdos a los que tenemos que someternos porque partimos de la base de que la gente es mala. Y mucha gente lo es, eso es el problema, de nuevo el ego, y entonces se inventan las leyes, pero también guiadas por los egos de las que las inventan).


Y no puedo soportar tanta crueldad, los atentados sin sentidos, la matanza diaria de animales para disfrutar de su carne (¿de verdad se disfruta o es simple costumbre?) o lucirse primitivamente con sus pieles y pellejos, el abuso y explotación de niños como mano de obra barata (o en la prostitución) para que determinados consorcios se enriquezcan o mentes taradas y sin piedad llenen sus bolsillos (pero "sólo" son negritos o chinitos o niños feos que además si no hicieran eso, no tendrían para comer. No nos indentificamos con ellos y les dejamos deslomarse mientras abrimos con ilusión, o quizás incluso sin ella, la famosa caja roja con sus bomboncitos a los que va pegada la sangre de todos esos niños). Todo esto me duele, me duele mucho. 


Pero aunque haya días como éste, en el que no me gusta jugar a este juego y no encuentro mi lugar en este mundo, no soy derrotista, dentro de mí hay una inconformista nata y pienso seguir contracorriente hasta el final de mi vida.


Mucho me temo que tiene que pasar algo gordo en el mundo, que así no puede seguir, es imposible, y quizás lo mejor sea un "borrón y cuenta nueva". No sé cómo, pero al parecer hay muchos que se empeñan en que sea lo antes posible, aunque no precisamente de la manera más positiva para todos.


Y mientras tanto también hay afortunadamente muchos otros que se esfuerzan día a día en crecer interiormente y actuar en consecuencia. Creo en la ley del karma (sí, es una ley, pero una ley que entiendo y que puedo aceptar) y creo que a cada uno la vida nos devuelve, tarde o temprano, lo que aportamos.

Por eso, y aunque reconozco que hoy mi post no suena muy positivo, me uno de nuevo a Mafalda y digo 


Y a pesar de tener un día gris, quiero ser feliz, disfrutar de las pequeñas cosas, vivirme como soy, sin rejas, sin miedos, sin ponerme obstáculos a mí misma y acabar el día con la conciencia tranquila y el corazón abierto a lo que me trae la vida.




lunes, 14 de marzo de 2016

Restaurante "The Bowl" en Berlín

Dando una vueltecita por mis fotos a la hora de comer he ido a parar a The Bowl (la página web es bilingüe alemán/inglés), y qué hubiera dado por tener a mano un buen cuenco de los que ellos ponen. Y es que en The Bowl, como su nombre indica, todo va servido en cuencos o tazones (que viene a ser lo mismo, o como algunos le llaman: en boles).

 
Quizás algunos recordéis el restaurante Mio Matto ese que estaba en un edificio que era como un hotspot vegano (o sea, un punto de encuentro, hoy es que tengo una vena espanglish, je, je) y en el que encontrábamos el supermercado Veganz, el bistro Goodies y la zapatería Avesu, bueno, pues Mio Matto cerró sus puertas, pero como no hay mal que por bien no venga, al poco tiempo se instaló allí The Bowl. 

Está en la  Warschauer Str. 33 10243 Berlin. 

El horario de apertura es:  Lunes 12:00 a 23:30
                                      Martes - Domingo 10:00 a 23:30

El ambiente es cuidado, agradable e informal































Con detalles como esta estantería de hierbas aromáticas que separa el restaurante de la cocina



Y como ya os digo, allí se come en tazones, todo está preparado con ingredientes bio, frescos y naturales, veganos y sin gluten, es lo que se llama un restaurante clean eating, y está delicioso, no sabría deciros cual me gusta más:


Raw Salad Bowl
Makro Bowl
Falafel Bowl
Mexican Bowl
También se puede desayunar o tomar simplemente un postres (tienen tartas cudiveganas), limonada casera con menta (que sirven en tarros de cristal, no en boles ;-)) o un macha latte.


Si váis por Berlín no dejéis de pasaros por allí, lo agradeceréis.




lunes, 7 de marzo de 2016

Al que madruga Dios le ayuda

O no por mucho madrugar, amanece más temprano, pero se descubren tesoros maravillosos :-))

Y esto es lo que me pasó el otro día. De pronto me despierto  (antes de lo habitual), dirijo mis pasos hacia el cuarto de baño, pero al pasar por delante del cuarto de estar, descubro una escena mágica que me hace olvidar mi necesidad física e imperiosa.


Sí, una luna llena preciosa entre las ramas de un árbol recién nevado.

Casi por inercia cojo la cámara, salgo al balcón en camisón (3° bajo cero y yo ni me entero)  y no puedo parar de hacer fotos:

De verdad que es la luna y no he pintado un punto blanco en la foto ;-)

Todo como cubierto por una capa de merengue
¡Qué suerte tengo de vivir en un sitio tan bonito!
Me siento llena de energía, no sé si es la luna, el frío, el momento mágico....

Y ya puesta, pues hago mi gimnasia matutina (sí, sí, la que me propuse a principios de año).
Una hora más tarde el día me ofrece este paisaje:


¿ A que entran ganas de levantarse más temprano?